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En busca de la congruencia (a veces, donde no la hay)

El Capitan
El Capitan (Photo credit: satosphere)

Comentaba hace bien poco algo relativo a lo que son los llamados «abordajes» a desconocidas por cierto sector de la población masculina; del cual no me siento especialmente orgulloso.

Todo esto en una conversación con un señor que va a permanecer en el anonimato (a no ser que decida salir del mismo por su propia mano).

Escribo esto a raíz de que este chico, buen amigo mío, reapareció por mi vida tras mucho tiempo sin saber de él.

Y resulta que, durante nuestra separacion, mi querido (e incauto, pero bien intencionado) amigo había redirigido su atención a la industria del ligue.

Vaya hombre… ¡Precisamente al nido de víboras que acababa yo de abandonar!

Y justo cuando demasiada gente la comenzó a abandonar en manada; al darse cuenta de las múltiples conductas antisociales que fomenta, y de los miles de prejuicios que inculca en las mentes de sus adeptos… Él, regresa con ese cuento.

Y no solamente me dio esa sorpresa, sino que encima va y se interesa por los más «peligrosos»: los resentidos con las féminas, los amigos del aparentar valor, y otras triquiñuelas de dudosa honra.

Realmente, debería importarme poco lo que haga con su vida…

Pero es amigo mío, o así lo considero yo, y no puedo evitar preocuparme por él.

La conversación en cuestión empezamos a tenerla a raíz de que mi amigo compartió por enésima vez un artículo con ideas de lo más descalabradas. Un revulsivo para el buen gusto.

Yo, ni corto ni perezoso y con la forma de ser que me caracteriza, le dije…

Te aconsejaría que te dejes de leer gilipolleces de pazguatines que solo saben ladrar a las chicas por la calle, fingir que las conocen de algo para acercarse a ellas, o se intentan meter de RR.PP. para tener una excusa para hablar con la gente a ver quién le sigue el rollo por las noches (o les busca por las mañanas para la siguiente party)…

En vez de eso, será mejor que te centres en leer cositas con algo más de consistencia. Del tipo que harían que te descerrajes la boca de risa cada vez que te viene algún tipejo diciendo algo sobre abordajes, o sobre su nueva supertécnica, o sobre el miedo a acercarse a desconocidas, al rechazo, a no gustar por quien eres o por quien aparentas ser…

Ante esto, como os imaginaréis, lo habitual es encontrarse la respuesta de «una cosa es que crea que en el artículo en cuestión tengan algo de razón, y otra que haga caso y aplique lo que explican»… Y así fue en esta situación también. Entre otras cosas que iban en el mismo tono.

Algo que acompañé con mi consabida respuesta: lo menos malo de algo malo, sigue siendo malo.

Razón esta por la que incito a buscar alternativas mejores, no las partes salvables de las cosas malas (es decir, «lo menos malo»).

¿Quiere esto decir que considero que mi amigo hace mal?

Bajo mi criterio personal (y el de todas las mujeres que se respeten del mundo), sí.

Otras personas serían mucho más tolerantes con mi amigo, al considerar que solamente quiere vencer sus bloqueos a la hora de relacionarse.

Dentro de los tolerantes, habría quien le culpe de saber escoger mal sus referentes y de prestar atención a ideas que le llevarán a más problemas de los que saldrá haciendo lo que le indican.

Mi amigo me refiere entonces su idea de que un poco de presión no viene mal a veces.

A estas alturas, muchos se preguntan ya qué dijo uno que no queda muy lejos de Risto Mejide en cuanto a tocar las pelotas se refiere. Ésta fue mi réplica:

La cosa es mucho más sencilla: si de verdad te apetece, lo haces. Si no te apetece por cualquier motivo, aunque sea el más tonto del mundo… Por mucho que pases de excusas, bloqueos, miedos; tú te plantas delante y se te cae el mundo.

Te quedas en blanco porque inconscientemente sabes que no quieres; y porque te estás forzando a buscar una justificación para estar delante de una persona (un signo de interés por su parte, por ejemplo) que realmente no te interesa tanto. Y lo que es peor, mangeniendo una disonancia cognitiva por tratar de controlar la situación y a la vez conducirte tratando de aparentar que sientes poco interés por cómo resulte la misma.

Esto lo dije en un claro intento de mostrar de manera evidente la incongruencia del asunto… No sé si él la vería, ni si ninguno la ve.

Si sumamos mis dos autocitas, debería ser fácil de ver. No obstante, tanto mi amigo como yo, como cualquiera de vosotros; tenemos libertad para elegir.

Elegir en qué creemos y lo que vemos ridículo o no.

Yo personalmente veo ridículo hacer acercamientos indiscriminados a gente que apenas te ha despertado interés de entrada; y más con la excusa de que, si no lo haces, jamás sabrás si realmente podría o no interesarte o interesarse por ti.

Es innecesario y superfluo. Hay mejores cosas a las que dedicar tu tiempo y energía.

También veo ridículo justificarse en que obrando así se pierde un miedo. Porque se trata de uno que de por sí nunca se ha ganado; pero que se asume poseer.

Ya he explicado arriba por qué creo que la gente se siente incómoda y torpe haciendo eso de abordar indiscriminadamente.

¿Tendré razón? Ni lo sé, ni me importa.

Pero, hasta ahora, nadie ha podido demostrar que me equivoque al pensar así.

Han sido muy elocuentes, muy briosos al tratar de desmontar los argumentos que doy y la lógica tras ellos… Pero muy incapaces de lograrlo.

Como igualmente incapaces son las personas que tienen que justificarse con la excusa del misterioso milagro de lo desconocido para entrometerse en la vida de una persona; tan sólo por probarse a sí mismos que son capaces de enfrentarse a su miedo al abordaje, al rechazo, al ridículo…

Y tratar así de inmunizarse a su propio sentido común.

Ese que les dice:

Hazme un poquito de caso y te llevaré a vivir las cosas más maravillosas que puedas concebir. Cuando yo te mande una sensación, atiende a la situación y no la descartes con la excusa de «los miedos y creencias limitantes»… Actúa, pero con conocimiento de causa, no con excusas tontas que ni siquiera tú terminas de creerte.

Para mí es sencillo: si te estuvieras perdiendo algo, ya te habrías enterado antes de plantearte acercarte.

El ser humano está hecho de tal manera que naturalmente tendemos a establecer lazos con las personas más afines a nosotros y beneficiosas para nuestra forma de vida.

Aunque sean aportes afectivos. Aunque solamente te motiven, o te apoyen o escuchen tus penas; aunque tú te las quieras zumbar y ellas solamente ser amigas tuyas (o viceversa, que también)…

Si te pierdes algo, más te pierdes intentando encontrar fuera de tu vida lo que ya podría estar en ella y te niegas a ver; por tenerlo justo delante de las narices.

Pero como suele decirse… El mejor lugar para esconder algo, es a simple vista.

En este caso, lo que tienes escondido a simple vista… Te lo resumo en un par de líneas.

Si lo que quieres es encontrar relaciones fructíferas y enriquecedoras, con verdadera conexión… Te garantizo que andar acercándote a personas desconocidas con el pretexto de demostrarte a ti mismo que puedes hacerlo y no te van a comer, no te va a aportar nada en ese sentido.

Haz cien abordajes cada mes si quieres…

Comienza por cuatro al día, un numero razonablemente bajo; y tienes 120 en aproximadamente un mes.

Cuando lleves la mitad te darás cuenta de algo: a lo mejor llegas a los 100 y estás hasta los cojones hace ya mucho rato.

Has tenido 100 aproximaciones a 100 personas, de las que a duras penas volverás a hablar con una cuarta parte; y a duras penas verás de nuevo a una décima parte.

¿Has hecho algo mal? No.

¿Has conectado con esas personas? Tampoco.

Aunque te metan su número/email/loquesea en la memoria del móvil con una foto de sus tetas (cosa improbable pero no imposible).

Aunque lo que te metan sea un meneo de dejarte baldao; es yermo, inerte, insustancial. Una batallita más para el ridículum vitae.

Intrascendente, y por ende… Futil.

Esfuerzos gastados en perder algo que podría estar mejor invertido: tu tiempo.

Si quieres una relación significativa con los demás, no te pones a hacer el pintamonas en las discotecas ni en la calle:

  • Te involucras con toda persona que llega a tu vida sea por el medio que sea,
  • Te interesas de verdad por su vida
  • Te matas por pasar tiempo de calidad con esas personas,
  • Por aportarle algo a sus vidas,
  • Por tener actos de entrega con ellos,
  • Por hacerles favores y regalos, aunque el pseudoalfa de turno diga que eso es de pollafueras/pagafantas/chorratérmino del momento.

No te interesas por aparentar ser una persona «confiada, segura y dueña de sí»; con cosas que lo hacen valioso pero que misteriosamente terminan por brillar por su ausencia.

Te interesas por hacer verdaderos vínculos, basados en la reciprocidad y el intercambio, en la colaboración y en el bienestar mutuo.

En la utilidad para la vida en común… Que es, al fin y al cabo, por lo que nosotros los seres humanos establecemos lazos con los demás.

Porque nos otorgan un poder que por nosotros mismos no alcanzamos.

Hasta aquí es hasta donde puedo decir que me siento con ganas de hablar de este tema. Todo lo que intento es, ni más ni menos, evitar que os compren una parcela de bosque para perderos en ella…

O lo que es lo mismo, evitar que todo el mundo quiera perderos de vista.

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Por Sergio Melich

Pedagogo por la Universidad Complutense de Madrid. Comunicador y mentor por vocación. Experto en Comunidades Virtuales. Autor de las webs La Vida es Fluir (mi blog) y Comunidad Fluyendo.

Aventurero y Heartist (una persona comprometida a vivir, crear y obrar con cabeza, corazón y conciencia). Escribo sobre el Buen Vivir: autoaprendizaje, estilo de vida, habilidades sociales, relaciones y más. Puedes contactarme por redes sociales y contarme tu caso. =)

Una respuesta a «En busca de la congruencia (a veces, donde no la hay)»

Es mas sencillo de lo que quieren hacernos creer, si uno encuentra cualidades valiosas en alguien que en un principio nos llama la atenciòn , en forma natural vamos a querer conectar y conocerla mas, con curiosidad e interès, sin usar triquiñuelas o espejismos. Ya si la persona no manifiesta interès en uno es cosa de ella, pero rara vez pasa cuando uno habla desde el corazòn.

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