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Aprender del fallo y las historias ajenas: el efecto trinquete

Hay algo que a los seres humanos se nos da muy bien desde que poblamos la Tierra: aprender de los demás, apoyándonos los unos sobre los otros en plan trinquete. Tan bien como de nuestras propias experiencias.

Ahora bien, quizás te suene el dicho popular que nos advierte de que nadie escarmienta en cabeza ajena. Un dicho que si sobrevivió es porque es muy cierto… Pero que al mismo tiempo contradice la propia justificación de la evolución de nuestra especie.

Somos cuentacuentos natos, y hemos crecido en base a las historias que tejemos. Por eso, hoy quisiera tejer para ti una parte de mi vida y compartírtela, con la esperanza de que aprendas algo útil.

Puede que al principio no le veas la relación con el tema por el que te interesó estar en contacto con Diana, conmigo y con nuestra Comunidad Fluyendo, y por eso apelo a tu curiosidad y tu paciencia.

Te aseguro que la recompensa lo merece.

Los seres humanos debemos nuestra expansión a los aprendizajes ajenos que logramos imitar o reproducir a nuestra conveniencia.

Sí, se lo debemos a eso. Aunque te parezca mentira, y aunque el plagio esté tan mal visto que hayamos tenido que inventar la inspiración para poder fijarnos en lo que hacen otros sin remordimientos.

Así pues, habría que cambiar el dicho popular por nadie aprende al 100% lo que viene de cabeza ajena sin experimentarlo en carne propia también… ¿No te parece?

Con ese mecanismo somos capaces de generar lo que los pedagogos (y muchos otros profesionales, ojo) llamamos un “efecto trinquete”.

¿Y qué es eso?, te preguntarás…

Permite que te responda de forma técnica, y luego aporte una historia más reveladora al respecto.

Hablemos de trinquetes…

El efecto trinquete es la evolución de una cultura en base a la acumulación y el refinamiento de habilidades, conocimientos, estrategias y técnicas que se revisan y se perfeccionan a medida que se van empleando.

En otras palabras: una mejora constante sin retrocesos.

Puede que te suene de tus clases de Historia y Ciencias Sociales, en las que te hablaron del dominio de la piedra, el fuego, el ganado, la agricultura y el metal, por ejemplo. No obstante, ¿quieres un ejemplo gráfico?

Imagínate una rueda dentada con una manivela que la hace girar, y una uñeta o gatillo, que impide que la rueda gire en cierta dirección pero permite que se desplace en otra. Algo parecido a esto:

Un trinquete para ilustrar el efecto trinquete. Nota que solamente gira en un sentido, salvo que se elimine el bloqueo.
Un trinquete para ilustrar el efecto trinquete. Nota que solamente gira en un sentido, salvo que se elimine el bloqueo.

Visto de esa manera, la rueda solamente puede avanzar “hacia delante”, en el sentido que nos interesa más favorecer. ¿Tiene sentido, verdad?

Aunque algunos trinquetes, como el del freno de mano de los coches y el de las poleas, se emplean como mecanismos de seguridad para impedir el avance indeseado. En general, para evitar accidentes.

Ahora bien, ¿qué me dirías si te digo que el crecimiento de tu cuerpo y tu mente funcionan bajo el mismo principio que un trinquete?

¿Te gustaría que te demuestre que no está todo perdido si fracasas en tus relaciones, o en cualquier otra cosa importante para ti?

¡Porque traigo el ejemplo perfecto!

Tuve ocasión de fijarme en esto que voy a compartirte ahora por mis circunstancias (y por mis estudios, para no omitir detalle).

Fue entonces, en la combinación de dos hitos importantes para mi vida, cuando descubrí algo muy profundo. Desde ese momento, esta lección forma parte fundamental de todo lo que transmito en mis servicios.

Te cuento.

Hace unos cuantos años me destrocé una rodilla entrenando artes marciales, aunque pudo ser mucho peor.

Entrenaba Jiujitsu japonés tradicional, para ser más exactos. El vale todo de Japón. Bastante exigente a nivel físico, claro que por eso mismo me gusta.

No tiene rama de competición por la naturaleza de sus técnicas, y porque crear unas reglas de competición supondría prohibir como el 90% de lo que aprendes… Algo que a la mayoría le parece muy aburrido y pesado.

Entrenaba con policías y militares. Todos ellos tipos recios, rudos y experimentados en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Por aquel entonces pesaba 57 kilos y dando gracias.

¿Y sabes qué?

Podía medirme frente a frente con personas que me doblaban el peso. Pero, por supuesto, no estaba exento de riesgos… Como no tardaría en descubrir.

El toquecito de atención…

Cierto día estaba en prácticas de combate con un señor de la UME (la Unidad Militar de Emergencias). Un tipo grande, robusto y más inflexible que el acero de los barcos. No te ponía las cosas fáciles, aunque fuera un entrenamiento.

Era una masa inamovible que conseguí derribar a base de pericia, ingenio y esfuerzo físico. Y precisamente eso último me supuso la lesión.

Por descuidar la técnica en favor de la potencia física, me olvidé de posicionarme adecuadamente. Perdí el equilibrio y no me quedó otra que sufrir la caída de un señor de unos 100, quizá 110 kilos encima de una de mis piernas.

Me lo llevé con un uchi mata, para los que entienden del tema. Y para los que no, una imagen vale más que mil palabras:

Uchi mata de Judo para ilustrar la diferencia con el de Jiujitsu japonés tradicional
Uchi mata de Judo para ilustrar la técnica y mostrar la diferencia con el de Jiujitsu japonés tradicional.

El uchi mata de la imagen es el que enseñan en Judo, y es a día de hoy una de las técnicas más utilizadas y eficaces en competición.

El que aprendí de mi maestro es la variante de Jiujitsu, que cambia mínimamente en la preparación de la técnica, el desequilibrio y la posterior proyección.

En concreto, no se introduce la pierna entre las del oponente como ves en el dibujo, sino que la mantienes cruzada frente a las suyas. Así trabas sus tobillos para que no escape girando sobre ti, y también haces palanca.

Diciendo esto, te imaginarás cómo fue que me cayó encima mi amigo el rocoso, ¿verdad? Y puede que por eso te preguntes cómo es que no me partió la pierna.

Pues mira… Afortunadamente, el cuerpo tiene memoria, y tan sólo por eso mi pierna estaba colocada de un modo que minimizó el impacto y la lesión.

 ¿Y dónde aprendió mi cuerpo todo esto? 

En la práctica, y en las historias de varios de mis compañeros de entrenamiento, así como de mi maestro; quienes tenían sus propias lesiones de rodilla para dar fiel testimonio.

Gracias a que supe atenderlos y se me quedaron grabadas las debidas precauciones, lo que pudo ser una rotura compleja con dislocación de la articulación se quedó en un desgarro parcial del ligamento cruzado anterior.

Pude beneficiarme del recuerdo de sus lesiones para impedir que la mía fuese más grave.

¿Qué fue lo que aprendí de todo este percal, entonces?

Aprendí cómo funciona mi trinquete y me puse a observar si podría transmitirle el saber de ese funcionamiento a los demás, para que aprovechen los suyos.

Lo que aprendí se resume a dos cuestiones:

  • Con la actitud adecuada, tus experiencias y las de los demás hacen que la rueda gire y te permiten avanzar. Entonces, cuando algo falla, el trinquete salta para protegerte del retroceso e impide que tengas que empezar de cero.

Por ejemplo: piensa en aquella vez que te empeñaste en aprender un idioma nuevo y avanzaste hasta que te cansaste o tuviste que dedicarte a otra cosa.

¿Qué pasaría si ahora intentaras retomarlo? Puede que se te hayan olvidado algunas cosas, o bastantes incluso; pero reaprenderlas y seguir creciendo desde ese punto es más fácil que aprenderlas por primera vez.

Eso por el lado positivo. ¿Y por el negativo?

  • Con la actitud equivocada tus experiencias (y las de los demás) se convierten en un bloqueo que impide que la rueda de tu vida gire libremente. Te acabas estancando, y no avanzas ni a golpes.

A cualquiera que haya tenido lesiones como la mía le asusta volver a hacer deporte, y más un deporte de contacto, de intensidad o de alto rendimiento.

Sin embargo, yo me hacía preguntas como estas:

  • ¿Por qué los futbolistas vuelven al campo aunque se lesionen casi en cada temporada?
  • ¿Por qué los cantantes se operan para conservar la garganta y siguen cantando igualmente?
  • ¿Y por qué los artistas marciales prefieren ponerse una rodillera antes que dejar de entrenar?

Por una cuestión de actitud: perseveran y aprenden de sus errores, en vez de abandonar cuando cometen uno y las consecuencias pintan feo.

Somos nosotros los que nos permitimos o impedimos aprender de algo, en definitiva. Los que bloqueamos el trinquete.

El día que comencé a pensar así fue cuando empecé a observar que ahora, tras mi lesión y todo el proceso de recuperación; tengo mejor conciencia de las posiciones de mi cuerpo, de la distribuición de mi peso, de mi equilibrio y de mi movimiento.

Me fijo en cuestiones que antes no me preocupaban tanto. Y eso me ayuda a detectar lo que es irrenunciable y lo que es inaceptable para mí.

Así pues… Me parece sumamente interesante que necesitara llegar a un punto donde mi vida echó el freno a lo bestia para que prestase atención a cosas tan importantes.

¿Y a ti qué te parece?

Hay cosas que se transmiten mejor con una buena historia, como bien sabes. 

Por esto te pedía paciencia con mis aspiraciones de cuentacuentos.

Necesitaba hablarte de una pérdida importante y de una lesión seria, así como de la recuperación, para poder abrir tu mente a lo que te quiero compartir hoy.

Retomando el ejemplo del deporte… Si pierdes fuerza muscular o técnica, tu cuerpo “recuerda” lo que una vez ya supo. Y gracias a eso, no tienes que volver a empezar de cero. ¡Solamente tomártelo con calma!

No necesitas volver a aprender a correr, saltar, esquivar, moverte, golpear o caer. Ya tienes esas memorias, y el cuerpo volverá a entrar en contacto con ellas… Si le das ocasión.

Del mismo modo, si pierdes en el amor y en la amistad, no necesitas aprender a seducir y a relacionarte desde cero. ¡Solamente tomártelo con calma!

¿Qué pensarías si Diana o yo te decimos aquí y ahora que las historias son el entrenamiento de tu mente?

¿Querrías entrenar con nosotros?

¿O nos tomarías por locos y huirías sin mirar atrás?

Tenemos curiosidad… ¿Qué crees que pasaría si comenzamos a compartirte nuestras historias y las de otros miembros de nuestra comunidad?

Para nosotros, la respuesta es clara: despertarías de nuevo a tu gigante interior… Y toda tu vida cambiaría como resultado.

Durante el #RetoRelacionesAuténticas hemos contado historias como la separación de Diana de su anterior pareja, el comienzo de nuestra relación y los motivos que nos llevaron a querer interesarnos por el tema de la sexualidad consciente en primer lugar.

Además, en este post sobre separaciones maduras (y también sobre todo lo contrario), yo mismo he contado lo que aprendí a base de encadenar fracasos amorosos y mi particular visión de un concepto compartido por Esther Perel.

Hemos convertido nuestra vida y nuestras historias en un entrenamiento para ti. Para tu bienestar. Para tu evolución. Para tu felicidad.

Saber lo que nos ocurrió (tanto bueno como malo) y cómo lo afrontamos te dará tablas para la vida. Por eso registramos la Historia, de hecho.

Es información útil para que sepas enfrentarte a situaciones que no son tan frecuentes o que todavía no has vivido nunca, en el momento en que se te presenten.

Contar con precauciones evita males mayores, y a veces incluso es la clave para fluir con las circunstancias (por aquello de que te permite confiar en tus recursos y sentirte capaz de salir adelante con lo que sea).

Igual que en su día yo supe estar preparado para protegerme de una lesión peor, gracias a lo que me contaron mis compañeros del Jiujitsu… Y pude seguir entrenando durante todo un año antes de necesitar operarme. ?

Estoy seguro de que ahora comprendes mejor todavía el valor del apoyo y de las historias de los demás, y las usarás de trinquete.

Yo me quedo más tranquilo sabiendo que puse de mi parte para que así sea.

¿Te gustaría conocer más acerca de nosotros y aportarnos tu historia?

En tal caso, te esperamos en Relaciones Auténticas, ¡el programa que cambiará tu vida y relaciones para siempre!

>>> comunidadfluyendo.com/Programa-Relaciones-Autenticas

(Si quieres un descuento, prueba a poner el código «VeranoAuténtico» en el checkout… ¡A ver qué pasa!)

Un fuerte abrazo.

Por Sergio Melich

Pedagogo por la Universidad Complutense de Madrid. Comunicador y mentor por vocación. Experto en Comunidades Virtuales. Autor de las webs La Vida es Fluir (mi blog) y Comunidad Fluyendo.

Aventurero y Heartist (una persona comprometida a vivir, crear y obrar con cabeza, corazón y conciencia). Escribo sobre el Buen Vivir: autoaprendizaje, estilo de vida, habilidades sociales, relaciones y más. Puedes contactarme por redes sociales y contarme tu caso. =)

10 respuestas a «Aprender del fallo y las historias ajenas: el efecto trinquete»

Hola Sergio, no conocía el efecto trinquete.

Si he comprobado que las cosas no se olvidan, que nuestra memoria las almacena y cuando te encuentras situaciones que se asemejan, resurge lo aprendido, aunque también aparecen los miedos de aquella vez.

En general, incluido el amor y en la amistad, no necesitamos aprender desde cero. ¡Solamente tomártelo con calma y añado, hacerlo de manera consciente para disfrutarlo!

Respondiendo a tu pregunta ¿Qué crees que pasaría si comenzamos a compartirte nuestras historias y las de otros miembros de nuestra comunidad?
Mi respuesta: que aprenderíamos todos con el efecto trinquete!!
Un abrazo

Lo más probable que sucedería es que tendríamos varios puntos de partida para explorar distintas cuestiones, Virginia. Distintos trinquetes, incluso. 🙂

Al fin y al cabo, cada uno llegamos hasta donde podemos y avanzamos a ritmos diferentes. En esa diversidad hay mucho poder, ya que ayuda a combatir la ceguera hacia etapas anteriores y a no hacerse expectativas irreales y exageradas sobre las etapas que siguen. Esto, claro está, si lo tomamos desde los modelos de progresión lineal.

Si no fuera el caso, aún tendríamos ejemplos de estados mentales, emocionales y morales que llevaron a tomar decisiones diferentes ante situaciones parecidas. ¡Y eso también es genial! Porque ayuda a despejar la influencia del miedo, la inseguridad y la anticipación.

Un abrazo para ti también. 🙂

Algo nuevo se aprende, el tal trinquete ni idea de que existía, pero si es verdad que el cuerpo no olvida tan facil mente, parece almacenar información sobre ciertos hechos pasados, aunque si fuera mas receptivo no dejaba que pariéramos varias veces.
Saber y compartir historias hace que cada uno se enriquezca con las experiencias ajenas.

Es un concepto que está un poquito enterrado entre los muchos de los que se emplean en Pedagogía y en Psicología del Aprendizaje.

Los deportistas lo tienen un poquito más fresco, aunque creo que no lo llaman exactamente de este modo. Es más normal que conozcas el viejo refrán: «el que tuvo, retuvo». También se estila como «donde ha habido, siempre queda», aunque ese solemos emplearlo en otro sentido.

El cuerpo puede ser muy chistoso cuando almacena información, la verdad. Una mala asociación te puede tener experimentando pánico, estrés, asco y dolor sin que haya ninguna razón real para ello. Simplemente por un anclaje desafortunado. Como lo de que te muerda un perro y luego no puedas ni estar en la misma habitación que el más manso de ellos… O que alguien te recuerde a un ex que te lo hizo pasar mal, y no quieras saber nada de esta nueva persona por lo que pasó con tu ex.

El tema del parto ya no lo puedo entrar a debatir… Solamente puedo comentar que hay personas que tienen experiencias indoloras y que hasta disfrutan durante el parto, y también hay quien quiere enseñar a otras mujeres a desligarlo del dolor y del temor. 🙂

Definitivamente debemos aprender a escucharnos y apagar tanto ruido, que incluso nosotros tenemos dentro. Viene genial cuando te vuelves consciente de cosas tan simples que lo que hacen es brindarte la posibilidad de hacer que tu vida sea un poquito mejor, o al menos, menos dura de lo que de por si ya es.

Al fin y al cabo, vivir es un aprendizaje constante que nos llega de muchísimas maneras, el asunto es saber cómo podemos recibir ese conocimiento y sacarle todo el provecho para el presente 🙂

Gracias por compartirnos tu experiencia y con ello enseñarnos a observar nuestros propios trinquetes 🙂

Esto no es ingeniería aeroespacial… Cualquiera con un poquito de interés en la introspección y en ser honesto consigo mismo lo saca fácilmente. 🙂

Ahora, sin demeritar lo mucho que nos puede costar a algunos el ser sinceros con nosotros mismos y con lo que nos ocurre… También es cierto que a veces simplemente no queremos admitir que no sabemos y no controlamos tanto como nos gustaría. Por el motivo que sea: presión social, estándares demasiado rígidos de perfeccionismo y autonomía, o lo que cada uno traiga de bagaje personal.

Por suerte, tenemos la posibilidad de generar estos espacios, o bien de unirnos a ellos cuando otra persona los genera y ayudarle a sostenerlos. Nada nos obliga a afrontar la vida a solas.

Gracias a ti por pasarte a hacer preguntas y a mantener viva la conversación. 🙂

La verdad es que ni se me hubiera ocurrido llamarle efecto trinquete. Lo que es cierto es que todos tenemos aprendizajes en nuestra memoria. La cuestión está en que compartirlo es un primer paso ya que así preparamos la mente para recibir el aprendizaje (aunque no lo es todo) luego tienes que experimentarlo y sentirlo para gravarlo.
Añadiría a este efecto trinquete una frase de mi profesora de baile: aprenderlo por primera vez es 100 veces más fácil que corregir lo mal aprendido. Porque efectivamente el cuerpo tiene memoria y acceder a ella es otro aprendizaje jejeje.
Gracias por tus historias y tu visión
Un abrazo

Tu profesora de baile ha ido a dar con el punto más peliagudo del trinquete, que son los vicios, dejos o costumbres (dependiendo de a quién preguntes, je).

Hay personas con la maravillosa capacidad de presenciar algo y traducirlo a un aprendizaje personal casi de inmediato.

Este texto me lo inspiró una de ellas en especial, de un conjunto de varias que conozco. Ya que, como se suele decir, enseñar es aprender dos veces… Y eso me suena mucho a mis maestros de artes marciales. ?

Gracias por tu valoración y tus buenas palabras. Me alegro mucho si mis historias y mi visión inspiran y ayudan a más personas.

Un abrazo y bienvenida siempre que gustes.

Saludos Sergio!

Qué sorpresa saber haces juijitsu! Hace año y medio, me apunté a bujinkán y bueno, ha sido una experiencia increíble. Es verdad que te llevas muchos golpes y en ocasiones piensas, joder, tal o cual ejercicio es peligroso. Ya eché a mi lista alguna lesión leve.

Como dices, nunca se escarmienta en cabeza ajena, pero poder aprender de tus compañeros minimizó la lesión en tu caso. Y uno debe reciclar su historia personal -y ojalá la de otros escarmentados-, sus propias vivencias, son combustible para poder operar bien en el presente. En ocasiones me digo, carajo, debería llevar un diario. Acordate de cosas que ocurrieron, no sé, hace 15 años. Porque si bien es cierto las lecciones duras no se olvidan, las de bajo perfil si se escurren más al recuerdo. Ser una fabulosa hemeroteca no por nostalgia ni falta de experiencias, sino por el valor de toda una vida.

Un gran saludo!

¡Dichosos los ojos, Theo! Bienvenido de vuelta. 🙂

Efectivamente, el jiujitsu lo descubrí gracias a un vecino que es amigo de toda la vida y que siempre quiso que entrenase con él. Se dio la ocasión y la tomé sin dudarlo. Por el momento estoy alejado de ello, ¡pero volveré!

Es una idea excelente la de llevar un diario. Yo escribo el mío a mano, para hacerlo más potente todavía. Si te sirve como inspiración, ¡hazte con un cuaderno y empieza a escribir tus experiencias!

Fuerte abrazo y bienvenido siempre que gustes.

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