Continuamos hoy con el escrito iniciado en Madurez y Adolescencia, terminando de matizar detalles sobre el rechazo, la inseguridad y etc. Parte de lo que voy a contar aquí lo he explicado en ciertos lugares ya, así que hagamos que confluyan esas ideas.

Terminamos el escrito anterior diciendo que los adolescentes tienden a dejarse llevar por las influencias de su grupo habitual y las presiones sociales. Así pues, seguimos desde ahí.

El choque con lo opuesto y la búsqueda de lo semejante

En el proceso de autoafirmarse y descubrir su «yo», los adolescentes suelen presentar reactancia psicológica.

En cristiano: tratan de romper cualquier límite, tabú o criterio externo que crean que se les ha impuesto o bien se les trata de endosar.

Esta respuesta es, ante todo, fuertemente emocional. Y para colmo, hace que la persona sea más difícil de persuadir o de abordar mediante la lógica.

Es algo que se puede observar actualmente a simple vista en ciertos colectivos; ya que aluden fundamentalmente a cuestiones sentimentales y a opiniones e idearios. Por supuesto, todo ello en detrimento de los hechos y los datos empíricos.

Quieren «liberarse». Ahora bien, ¿liberarse de qué?

Deberíamos decir más bien que quieren tomar las decisiones; pero cargar con el peso de la responsabilidad es otro tema. No siempre lo asumen tan alegremente como las libertades que reclaman.

Esta es una manera de rechazar cualquier cosa que perciben como un menoscabo de las libertades que quieren tomarse y «reclaman para sí mismos».

Pero ojo, que esto no es coto exclusivo de narcisistas y ególatras. Dejo a criterio de cada cual a quién más le calza ese guante.

En definitiva, prácticamente todos los seres humanos buscan «ser alguien genial» y que les perciban así… Por lo que no es sencillo que nadie acepte imposiciones externas que coharten ese deseo.

Su reacción habitual si tal cosa ocurre: rechazo radical y conducta contraria a la que se espera por su parte.

Surgirá el desafío y la repetición de la conducta que se reprueba; especialmente al sermonearle o imponerle un correctivo.

«Haré lo que yo quiera; y si te molesta, no mires» es el mantra de esta forma de comportamiento.

En ocasiones, querrán tener incluso la decisión final sobre cómo el mundo los percibe, los asume y los trata; proyectando su concepto de sí mismos en los demás y atacando fuertemente a quienes no le bailen el agua.

El mejor modo de ver ocurrir esto es criticar los rasgos identitarios que alguien quiere asumir

La mayor parte de la gente sufre de inseguridad en cierto grado; a menudo sin mostrarla.

Todavía no ha fraguado bien su voluntad de futuro, ni tiene idea de sus planes y metas a largo plazo.

Se supone que es en la adolescencia cuando se descubren a sí mismos y organizan su vida de acuerdo a lo que descubran. Pero, de nuevo, estamos hablando de una teoría social.

Y como de costumbre, siempre habrá personas que no quieran cerrarse ninguna puerta. Es entonces cuando asistimos a un curioso fenómeno.

Del intento por identificarse al camaleonismo social

Esta reorganización definitiva de la vida a partir de ciertos momentos causa que muchos tomen la que ya mencioné en ocasiones como «actitud camaleónica».

O, lo que es lo mismo; que de acuerdo al lugar donde están y quienes les acompañen, se disfracen de una cosa o de otra.

Esto puede deberse sobre todo al hecho de que buscan activamente «no ser rechazados por los demás».

Por ello toman la actitud que creen que logrará la mayor aceptación y validación externas. Y eso incluye conductas autodestructivas tanto como sociopáticas, a menudo.

La necesidad de unos hábitos e influencias saludables se hace patente a estas alturas.

Cualquier actividad que exprima el potencial de la persona y le suponga un buen estímulo puede ser de gran beneficio para su desarrollo psicológico.

Estas actividades varían entre el ejercicio físico y deporte, la expresión artística y musical, la expresión oral y escrita…

Es interesante observar al adolescente y procurar que pueda probar y sacar impresiones sobre aquellas cosas que le interesen fuertemente.

Debe ser capaz de formarse criterios por su cuenta, y asumir el riesgo y la responsabilidad inherentes a ello.

Como padre, amigo o educador, lo mejor que puedes hacer es presentarle las opciones y dejar que las pruebe a su aire.

Si te sugiero hacerlo así es para darle la oportunidad de descubrir por sí mismo si aquello que le presentas le gusta realmente.

Debes dejarle descubrir si le aporta algo valioso, o si le lleva a su máximo rendimiento en algún aspecto de su vida.

Probando uno mismo es como se llega a una etapa donde se adquieren y organizan respuestas idóneas a determinadas situaciones que se presentarán a lo largo de la vida.

Otras, no obstante, no deben regirse por respuestas adquiridas en el pasado.

Se puede caer en el grandísimo error del prejuicio negativo, por un error de semejanza aparente.

Por último, cabe mencionar que un buen desarrollo psicológico y un buen desarrollo interior… Llegan a estar fuertemente condicionados por las relaciones que mantenga la persona en esta etapa de su vida y durante el resto de la misma.

Hay que normalizar esas relaciones. Las personas deben aprender a hacer un uso justo de sus libertades, y por encima de ello el respeto. Principalmente, por sí mismos y especialmente por los demás. Es a estas alturas donde se aprende a responsabilizarse de la propia conducta, las consecuencias de los «actos arbitrarios», y que quien siembra vientos recoge tempestades.

Por todo ello, hace falta que las personas adquieran una guía ética para sus vidas.

Por supuesto, puede ser de cualquier tipo… Si tú, querido lector, me preguntaras; esto es lo que te recomendaría.

Puedes apuntarte a un arte marcial o a una actividad física que te enseñe deportividad, compañerismo, disciplina y entrega.

También te podría interesar practicar con alguna escuela filosófica o incurrir en tu espiritualidad. Por ejemplo, el fallecido papa Juan Pablo II hablaba de cuatro virtudes éticas: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.

  • Prudencia: referido a controlar la impulsividad y aprender a ser paciente.
  • Justicia: referido a una conducta adecuada y ajustada a la realidad.
  • Fortaleza: desarrollar el pleno potencial, al servicio del bien común.
  • Templanza: alcanzar un equilibrio entre las pulsiones (pasiones) y la racionalidad.

Y con todo esto dicho, ya puedo cerrar el escrito.

Seguramente surjan cuestiones derivadas de éste, por lo cual… Dudas, sugerencias, aclaraciones, etc.; en los comentarios pueden ser planteadas.

¡Gracias por la lectura!

Por Sergio Melich

Pedagogo por la Universidad Complutense de Madrid. Comunicador y mentor por vocación. Experto en Comunidades Virtuales. Autor de las webs La Vida es Fluir (mi blog) y Comunidad Fluyendo.

Aventurero y Heartist (una persona comprometida a vivir, crear y obrar con cabeza, corazón y conciencia). Escribo sobre el Buen Vivir: autoaprendizaje, estilo de vida, habilidades sociales, relaciones y más. Puedes contactarme por redes sociales y contarme tu caso. =)

5 respuestas a «Madurez y Adolescencia (2)»

Estupendo kheldar, de este escrito se debería hacer un libro y regalarle uno a cada pareja con el primer biberón, probablemente se pueda hacer mejor, pero lo que es seguro es que se puede hacer mucho peor.

Te agradezco la opinión, compañero. Me alegra que te guste y lo encuentres de utilidad. Y sobre lo que me comentas acerca de libros… De hecho tengo entendido que se hacen libros o algo de material debe de haber, ya que son contenidos que se estudian en diversas carreras universitarias. Por otro lado una amiga me comentaba hace un rato que está muy bien aunque no abordo el principio del asunto, desde que son niños jóvenes. Ni el tema del apego.

Ya le invité a hacerlo ella…. ¿crees que cumplirá?

Abrazos!

Interesante lo que dice tu amiga, ojala cumpla, pues la raíz de todo está en la juventud, pero sobre todo en las experiencias que tiene una persona desde su juventud hasta después de la adolescencia donde se asientan las bases de lo que será, y de si estas experiencias han sido buenas o malas…

No podemos cambiar nuestro pasado, pero sí podemos escoger nuestro futuro. Como algunos, el colegio o secundaria fue la época más caótica y difícil de la adolescencia. Algunos la disfrutaron de puta madre, mientras que otros eran la diversión de aquellos. Generalmente, algunos superan esos traumas, mientras que otros continúan en esa onda como una especie de predestinación. No podemos evitar ni controlar las emociones destructivas de otros, pero solo nos queda controlarnos ante dichas situaciones.

¿Qué le recomendarías a los actuales pubertos y a los que ya dejaron esa época hace ya vario rato? ¿Cómo crees tú que podrían lidiar con los demonios y verdugos de su pasado? ¿Qué les aconsejarías a parte de lo ya mencionado, Kheldar?

Normalmente recomendaría algo concreto pero últimamente abogo más por ser ambiguo. Lo que me sirvió a mí fue ser ambicioso dentro del círculo que me alcanza más cerca. Sin dejarme cegar por sueños demasiado distantes, pude aprovechar oportunidades más espontáneas e inmediatas… Y también el ayudar a otros a obtener una felicidad práctica (implicarse y conectar con quien se abre a ello) me dio una dosis propia.

Tanto a quien acaba de llegar a esto como a quien ya lo pasó; le diría que si no acumula experiencias estarán bien jodidos. Y las experiencias van llegando si uno las toma. No si planea tomarlas, tampoco si estudia cómo provocarlas… Sino por sí mismas. Hay que estar abiertos a vivir la vida.

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