La verdad sobre los infames contratos de relaciones sexuales

Recientemente me han llegado noticias de una situación polémica que se está dando en España estos días. Algunos padres declaran que sus hijos preguntan si existe «una ley que les obliga a firmar un contrato para mantener relaciones sexuales».

Y como es lógico, se llevan las manos a la cabeza cuando sus nenes les cuentan esto. Se rasgan las vestiduras y se extrañan de cómo hemos llegado a esto. Le echan la culpa a la desinformación, a las redes sociales y a ciertos youtubers. He visto mencionar a dos en concreto: Un Tío Blanco Hetero y Roma Gallardo.

Ahora bien… ¿Quieres saber qué hay de cierto, de falso, de ridículo y de extraño en toda esta situación?

Pues sírvete una meriendita, un vaso de té y amárrate bien los zapatos. Vamos a dar un paseo por nuestros tiempos para comprender mejor esta enrevesada historia.

Comencemos por darle contexto y antecedentes a esto de los contratos de relaciones sexuales, ¿te parece?

Lo primero que tienes que saber es que lo del contrato de relaciones sexuales no es una ley explícita. Es una reacción espontánea de algunos individuos frente a los actos explícitos del gobierno de distintos países (como Estados Unidos o España).

En efecto, ningún país (que yo sepa) obliga a sus ciudadanos a firmar contratos para que puedan mantener relaciones sexuales entre sí. Si tú conoces uno, déjalo en comentarios.

Lo que sí está legalmente tipificado es una situación de disimetría legal entre hombres y mujeres. Al principio era sólo en el ámbito íntimo y sexual, pero ha ido avanzando a cualquier clase de contacto entre hombres y mujeres.

Ello produce, como es lógico, situaciones dantescas. En especial, que los hombres rechacen tener cualquier clase de vínculo arriesgado con mujeres. Y esa idea de vínculo arriesgado incluye, por ejemplo, una relación de mentoría en el ámbito laboral.

Los hombres se sienten desprotegidos y desfavorecidos frente a una eventual acusación malintencionada. ¿Resultado? ¡Se cierran en banda! Ya os lo conté en la traducción del Séxodo. Si el juego está en su contra, eligen no jugar. Tan sencillo como eso.

¿Por qué se cierran en banda los hombres y rechazan relacionarse con mujeres que no conocen?

La violación y las agresiones sexuales cada vez están más presentes en el imaginario popular. Tanto que en algunos casos ya, lejos de horrorizarnos por el hecho, se analiza y se instrumentaliza.

Son acusaciones muy fuertes. A todos nos desagradan y nos parecen lo más bajo y ruín que se le puede hacer a otra persona. Por eso hemos visto fenómenos como el Me Too, y legislaciones como el Title IX de los Estados Unidos y el Sólo Sí es Sí de España.

A ello se le tiene que sumar el fenómeno que culminó en la publicación de un texto llamado How to Destroy a Man Now (DAMN). Un polémico libro categorizado como «autoayuda» y firmado por Angela Confidential, supuesta doctora en psicología.

Portada del libro How to Destroy a Man Now. Captura de Facebook. Tomada desde Reddit (r/MensRights).
Imagen tomada de r/MensRights. Original tomado de Facebook.

Tal cual se ve, es un manual creado expresamente para enseñar a mujeres malintencionadas a usar las denuncias falsas, los medios de comunicación y la opinión social a su favor.

Nunca se supo si es una aguda sátira, como especulan en Reddit. Lo que sí se sabe, es que Amazon (el primer lugar donde lo ví) ya no lo vende. Pero igual se puede conseguir y consultar.

Y como cabe esperar con todo el aluvión de agresiones sociopolíticas y culturales que reciben, cada vez más hombres (y mujeres, ojo) protagonizan una respuesta de rechazo a las instituciones e ideologías globalistas, progresistas y multiculturales. A cambio, prefieren señalar una fuente más real de este tipo de problemas que un supuesto heteropatriarcado.

¿Qué se entiende hoy en día como fuentes reales del problema que lleva a los contratos de relaciones sexuales y otras parafernalias rarunas?

Hay dos razones o fuentes principales: el choque cultural y el choque ideológico.

Dar un ejemplo de choque cultural es sencillo.

Este año 2022 he empezado a ver que cada vez que aparece una noticia de «violación en manada» en España, hay varias respuestas usuales:

  • Las frases «son sus costumbres y hay que respetarlas», «a ver qué dicen las feministas» y «son los niños de X». Con estas frases se critica la paradoja de que, para evitar acusaciones de xenofobia y fascismo, se opta por aludir a su condición de hombres en vez de a otros factores más relevantes para el delito cometido. Como su cultura y entorno de origen.
  • Las frases «¿comen jamón?» y «a que adivino de dónde son sin leer la noticia». En proporción, y según las cifras de población de cada grupo, son más los extranjeros (nacionalizados o no) detenidos por esta clase de delitos. Por cierto: es racismo y desinformación decir tal cosa, aunque sean medios oficiales los que publican las notas que así lo certifican. Porque luego sacan otras para desmentir «con datos» lo que publican ellos mismos cada día.

Estamos asistiendo al germen de un clima de insensibilización y resentimiento. Perfectamente evitable, y magistralmente impulsado por distintos actores.

El panorama político e ideológico occidental (en su mayoría en la vertiente de izquierdas o progresista) prefiere cobijar a las mujeres bajo su ala paternalista.

Las toma por estúpidas, incapaces y necesitadas de protección y «empoderamiento» en todo momento. Y de propina, prefiere hacer de los hombres blancos heterosexuales su cabeza de turco. Irónico, si me preguntan.

Mientras, por su lado, las personas que creen en la equidad racional rechazan tratar ciertos temas con feministas de tercera y cuarta ola, y con políticos progresistas. Al menos, en tanto se nieguen a abordar el foco real de los problemas que dicen abanderar.

Y es que cada vez menos personas se prestan a un choque ideológico en bucle cerrado.

El ejemplo del choque ideológico es el complicado de reconocer. ¡Al menos hasta que lo sufres!

Los movimientos sociales y legislaciones de nuestro tiempo en materia sexual incluyen una capa de «discriminación positiva» y un mito pernicioso (que «no existen las denuncias falsas», o bien que «son tan escasas que no cuentan»). Como resultado:

  • Si tú o alguien en tu entorno habéis sido víctima de una acusación falsa, haya denuncia o no de por medio, conoces el choque ideológico. Las figuras públicas al frente de esta situación declaran que están dispuestas a asumir cualquier posible falsedad, con tal de que también salgan a la luz denuncias reales que hayan pasado desapercibidas.

Obviamente, asumen las falsedades que se produzcan mientras sea otro quien pague el pato. Y por supuesto, sin resarcir a quien sufre las consecuencias de una denuncia falsa.

E incluso, como hace a menudo la propia Ministra de Igualdad española; calumniando en público a hombres inocentes y protegiendo a las verdaderas culpables.

  • Y si no es el caso, tal vez conozcas un ejemplo lejano. Tal vez sabes de alguien que pasó del «hay que creer a todas las víctimas» a tener que defenderse. Por ejemplo, cuando acusaron de pederastia a Asia Argento, una de las líderes del Me Too.

¿Es importante saber que suceden casos de discriminación o desigualdad intencionados y promovidos por las altas esferas?

¡Claro que es importante! Por ello es que hay quien cree que un contrato de relaciones sexuales le protege frente a una denuncia falsa.

Sin embargo, esa disimetría legal (y cultural, de hecho) va a ser muy complicada de desmentir o corregir. ¿Por qué?

  • Primero habría que prohibir el archivo o sobreseimiento de los casos donde se demuestre la simulación de delito (y la consiguiente denuncia falsa).
  • En segundo lugar, asegurarse de que las autoridades pertinentes (fiscalía y policía) DEBAN perseguir de oficio las denuncias falsas.
  • Y finalmente, blindar por ley que NUNCA recaiga sobre el perjudicado el pedir que se persigan las denuncias falsas (¡ni el costear ese proceso!).

En otras palabras: hay que tomar en serio tanto la comisión como la simulación del delito.

Puesto que la mayoría de afectados quieren restituir su buen nombre… Pero, al contrario que Johnny Depp o Joe Biden, ¡prefieren dejarlo en «no arruinar sus vidas»!

Simplemente se rinden, aceptan el acuerdo más favorable que pueden obtener y tratan de olvidar y superarlo como pueden. Principalmente porque no cuentan con los medios financieros, las conexiones sociales, ni la paciencia o la presencia de ánimo para afrontar una batalla legal a la luz pública.

¿Hay forma de saber si suceden muchas o pocas denuncias falsas, y si es necesario perseguirlas de oficio?

La hay, pero es tan controvertida que hoy en día se plantea poco, y a puerta cerrada. Hablarlo en público es para valientes, so pena de que te llamen misógino y violador.

En 2014 encontré y empecé a traducir un texto al respecto. Declaraba que, bajo protocolos de investigación exhaustivos (con investigación de oficio de las denuncias falsas y prueba del polígrafo a ambas partes) cerca del 50% de las denuncias se demuestran falsas. El ~23% desde el principio, y el 27% restante requiere de investigación al detalle.

Su autor recogía los motivos comunes para denunciar en falso que se reflejan en textos de investigación legal y psicológica. Los tres más comunes: el descargo de responsabilidad, la búsqueda de simpatía y ventajas, o la pura y simple venganza.

Para rematar, también mencionaba en qué clase de entornos y contextos se dan más a menudo estas denuncias falsas: los encuentros entre jóvenes en edad universitaria. Mejor dicho, entre personas con poca empatía, poco interés por las consecuencias de sus actos, mucho deseo de encajar a toda costa y cabecitas idealistas (llenas de radicalismo abstracto).

En resumidas cuentas: toca protegerse de gente inmadura

Por eso, Chase Amante (seudónimo del autor) recomendaba evitar a chicas universitarias, a chicas que tomen alcohol o drogas y a chicas pusilánimes que tengan problemas para marcarle límites a sus amistades más políticamente radicales (pushovers en el original).

  • Como referencias, proporcionaba estudios como “False Rape Allegations”, publicado en los Archivos de Conducta Sexual en 2008, con el mismo nombre de un estudio similar en 1994.
  • También el examen de estudios de Rumney en 2006 para el Cambridge Law Journal, con rangos de denuncias falsas que van del 1% al 90% en universidades, en el ejército y en esos entornos donde comúnmente se habla de una cultura de la violación.
  • E incluso una refutación del estudio de Mary Koss en el que se suelen basar para alegar que «una de cada cuatro chicas universitarias es violada». Notablemente, que según sus propias encuestadas, el 42% de las supuestas víctimas volvía a mantener relaciones con su supuesto abusador.

Me contuve de publicar la traducción porque no quería atraer sobre mí atenciones indeseadas. En especial, no quería terminar siendo víctima de lo que hoy conocemos como cultura de la cancelación.

Pero es un texto tan grave y tan chocante que todavía lo tengo ahí, en borradores. Y cualquiera puede buscar el original en Google si lo desea.

La disimetría legal y la sensación de desprotección es lo que origina el interés por crear contratos de relaciones sexuales

Esta situación tan curiosa y enrevesada provoca las sátiras de humoristas, youtubers, columnistas e investigadores de todo el mundo.

Ante un clima desfavorable, distintos entornos empezaron a recomendar que te protejas. Y para evitar falsas acusaciones, sugieren que lo mejor es recabar evidencias gráficas. Es decir, grabar siempre con tu teléfono y con una cámara personal tus encuentros. Y no verte nunca a solas con una mujer. Siempre en público, a puertas abiertas y acompañados.

Por su parte, otros grupos propusieron recoger el testimonio escrito o verbal de cualquier pareja sexual que tengas. Y alguien le quiso dar una pátina extra de «legalidad» y un ligero matiz de «meme» a ese consejo.

Entonces, el «testimonio escrito» acabó siendo un «contrato», tanto en papel como en versión app. Hacer constar de antemano vuestras edades y el contexto de esa relación sexual en concreto. Y por supuesto, todo lo que estéis dispuestos a hacer con la otra persona.

Así es como hemos llegado a que hoy tus hijos te pregunten eso tan raro.

De hecho, hablar del contrato de relaciones sexuales no es algo nuevo. Se empezó a escuchar en febrero de 2018, cuando los medios españoles hablaron de la app LegalFling como respuesta al clima post-MeToo.

Porque no existe una ley que te obligue a firmar contratos para mantener relaciones sexuales… Pero sí existen leyes (como la apodada «Sólo sí es sí» española) que lo hacen parecer interesante, y hasta necesario.

Por si no lo sabías, no obtener consentimiento explícito previo se conoce en la legislación sueca como «violación negligente». Y esta ley es la que están siguiendo como referente todos los países europeos.

Debido a este panorama, una startup holandesa creó LegalFling en 2018, el mismo año que se aprobó en Suecia la violación negligente. Se trata de una app basada en la tecnología blockchain para intentar proporcionar a sus usuarios «acuerdos legalmente vinculantes».

Esto del consentimiento se imitó en Dinamarca en 2021 tanto en la ley como en la práctica, con la creación de la app iConsent y sus consentimientos por 24 horas.

¡Aunque en la práctica no sirve de nada! Pues estas leyes exigen confirmar en todo momento que se cuenta con consentimiento. Y como también se puede cambiar de idea sobre el consentmiento que das en cualquier momento… Se produce lo que llaman un «error de sofisticación» en las leyes, que lleva a encarcelar inocentes.

Por eso, mientras los tiempos no cambien, ¡protégete como mejor sepas y puedas!

  • La mejor protección es tratar siempre bien al otro, ser tú una buena persona y rodearte con buenas personas. Con eso rara vez tendrás estos problemas.
  • Alejarte de personas inmaduras y radicales, tengan la edad que tengan, también es buena idea. No puedes evitar que sean como son, pero sí que te puedes alejar de sus dramas.
  • ¡Y cuida tu reputación, claro! Pues si eres «el ligón del grupo», tienes más probabilidades de que te cuelguen un sambenito.

Asume que tu vida quedará dañada aunque demuestres la falsedad de una acusación o una denuncia contra ti. Pero en vez de dejarte hundir por ello, céntrate en aprender de la experiencia y defenderte lo mejor posible.

  • Si por desgracia recibes una acusación falsa, trata de hablar las cosas con calma. Sin agredir a la otra persona, pídele aclaraciones. En público y acompañado siempre. La mayor parte del tiempo basta con esto para resolver malentendidos o manipulaciones.
  • Y si recibes una denuncia falsa, pon todo de tu parte para esclarecer los hechos. Puede que pases un tiempo entre rejas, y que pierdas amigos y oportunidades laborales. Pero resiste la tentación de volverte rencoroso y vengativo. Sé como Johnny Depp: transparente, honesto y vulnerable. Si tienes que hacerlo, abre tu vida entera al público.

¿Qué opinas de todo esto de los contratos de relaciones sexuales y la sensación de desprotección?

¿Crees que la situación será más dantesca todavía? ¿O crees que ya no da para más problemas y empezará a mejorar?

Te leo en los comentarios, si te animas a dejar tu aporte a este debate.

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Un comentario

  1. Este tema es curioso y muy preocupante. Pienso que es algo que no mermará a corto plazo y por el contrario lo iremos viendo cada vez más activo y real en otros países. Porque lamentablemente, las cosas están tan mal que la gente ya no confía en otras personas. No se suele hablar con extraños, se mira mal a la gente en la calle, ya ni siquiera se mira a los ojos cuando hablas con amigos, para no hacerlos sentir mal o porque te vas sintiendo incómoda tú.

    Cosas que antes eran tan simples y cotidianas como conocer gente en el bus, en la parada o haciendo la compra, cada vez se ve menos. Es mejor que si me van a presentar a alguien, me den referencias porque miedo da lo que pueda hacer, si nadie cercano a mí lo conoce.

    Así y todo, las Aps de citas son súper famosas y mucha gente la utiliza para el sexo casual, pero creo que lo hacen porque sienten que hay «seguridad» a pesar de todo. Al fin y al cabo, la persona que está allí pasó por un filtro. Y puede ser una loca o un pervertido, pero de alguna manera es «medio normal» si lo aceptaron. Y con eso nos basta, y lo dicho, es muy triste que basemos nuestras relaciones en eso.

    Y se dice, que las relaciones están evolucionando, pero también están decayendo gracias a situaciones como estas, a personas que tienen malas intenciones y a la desconfianza que cada vez tenemos hacia otras personas.

    ¿Parará esto? No lo sé, espero que sí. Porque me gustaría que la generación que viene detrás tuviera una vida sexual sin tanto protocolo, miedo, tabú y reglas. Sin embargo, me conformaré con que lo que me quede de vida, la cosa no se ponga demasiado pesada 🙂

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