La espiral del silencio, por Desde Eros

Hace mucho tiempo que la señorita que responde al sobrenombre Desde Eros no dejaba testimonio escrito por esta casa, así que todo un placer tenerla por aquí de nuevo y más contando algo tan curioso y controvertido. Se trata de un tema que ella misma me sugirió tratar pero al no ser yo capaz de hacerlo adecuadamente, se lo pedí a ella.

Y este es el resultado. Disfrutad:

En el siglo XVIII, Tocqueville escribió: “La gente teme más al aislamiento que el error”. Pero, ¿es eso cierto?. ¿Tendemos a mimetizar nuestras opiniones con las que percibimos como dominantes?. Bueno, eso es lo que dice la politóloga alemana Noelle-Neumann en su famosa teoría “La espiral del silencio”. La autora expone que es condición sistémica de los individuos sumarse al carro ganador o, al menos, no manifestarse en contra de algo cuando éstos perciben que la opinión mayoritaria en su entorno es contraria a la suya.


Noelle-Neumann observó en las elecciones alemanas que el partido que mayor fuera parecía tener, finalmente, tenía realmente más fuerza de la inicial. Dicha teoría se centró en el ámbito de la política y de la opinión pública, fundamentalmente, pero podría aplicarse todos los campos respecto de los cuales la actitud y la conducta del individuo están determinados por la relación entre sus propias convicciones y el resultado de la observación de su entorno social.

Existen numerosos estudios que han trabajado sobre la idea de que los individuos tienden a adaptar su opinión a la mayoritaria. En 1951, el psicólogo estadounidense Simón Asch estudió las condiciones que inducen a los individuos a permanecer independientes o a someterse a las presiones de grupo cuando éstas son contrarias a la realidad.

Se formaba un grupo de entre 7 y 9 participantes, de los que uno constituía el sujeto de estudio mientras que el resto eran cómplices del experimento, a los que, sentados en una clase, se les mostraba una serie de líneas y su tarea era diferenciar la longitud de las mismas y comparar las que eran presentadas con la línea original.

Los cómplices respondían errónamente antes de que, en último lugar, tuviese que responder el sujeto de estudio. Pues bien, a pesar de reconocer perfectamente la opción correcta, el 33% de los individuos se conformó con la opinión de la mayoría aunque las líneas en comparación llegasen a diferenciarse en varios centímetros. Además, era más probable que el sujeto diera una respuesta influenciada si el resto daba una opinión unánime.

Sin embargo, los críticos apuntan que el temor al aislamiento no es el único motor de la expresión de opiniones y que éstos no siempre perciben (ni se preocupan por hacerlo) cual es la opinión dominante.

Por otra parte, algunos sostienen que una personalidad fuerte o independiente no tendrá inconveniente en manifestar una opinión contraria a la mayoría, y que incluso, existen personalidades que precisamente cuando saben que sus opiniones son minoritarias sienten un acicate para manifestarlas.

Desde Eros.

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