Pues yo diré que, jugando un poquito con lo obvio… Mi secreto es que no hay secreto. Es decir, no serías la primera persona que me dice eso mismo. Si es lo que venías buscando, puedes cortar la lectura desde aquí mismo. No te culparé por ello.

No son pocos quienes ya me han preguntado por mis acciones y mis pensamientos, intentando descubrir «el secreto» detrás de ello que me permite conocer personas como las que conozco y vivir cosas como las que vivo… Y me resulta irónico.

Me gustaría ponerle un poco de preámbulo a esta historia, pero creo que todo el mundo debe saber cuándo los adornos están de más. De cualquier manera, quiero señalar mi descontento con personas que considero más capaces y más inteligentes.

Os pido, con todo el cariño del mundo, que dejéis de hacer el gilipollas.

Os pido que seáis un poquito más astutos y un poquito menos calculadores. No todas las vidas se basan en apariencias o en trucos baratos.

Os pido también que no insultéis mis acciones y experiencias achacándolas todas ellas a «estar siguiendo algún consejo mágico y desconocido».

Y sobre todo, os pido que no os insultéis a vosotros/as mismos/as pensando que algo así está fuera de vosotros mismos y solo lo podéis alcanzar si conocéis «ese secreto».

Todo forma parte de una pequeña paradoja.

Si hay un secreto, será que no os habéis dignado en conocerme lo bastante bien como para poder hacer lo que algunos ya hacen… Experimentar, observar, estar en mi compañía, y dejarse tocar por mi esencia. Cada uno y cada una encuentra sus propias razones para aceptarme en su vida y formar parte de la mía así.

Y en tanto que yo me dedico a no entorpecer con falsedades, con pretensiones, o con intencionalidades egoístas esta conexión… Otros intentan forzarla y aprovecharla para manipular al resto.

Si algo pudiera ser mi secreto, es que me dedico más bien a favorecerla.

¿Favorecerla cómo?

No soy tan capullo de perder mi tiempo buscando secretos que me faciliten la vida a la hora de conocer personas y «sacar lo que quiera de ellas» (lo cual es la proposición mayoritaria hoy en día si atiendes a la prole de sacacuartos con la que no simpatizo).

Prefiero invertir mi tiempo en ser una persona digna de tener en TU vida.

Pero como yo no sé lo que es para cada uno «ser alguien digno de estar en mi vida», me preocupo por algo mucho más sencillo todavía.

Bueno, sencillo para quien lo tenga claro…

Y es esto: desarrollar en lo posible esos valores personales intrínsecos que me permitan estar más cerca de la excelencia.

 

Entonces, aquellos que tiendan a la excelencia y que gusten de estar rodeados de gente notable; tanto como los que rehuyan de personas vanas y falsas apariencias… Tenderán naturalmente -como así resulta ser- a estar en mi compañía.

También resulta que la vida, mi experiencia en la vida mejor dicho; me anda demostrando que las personas conectan realmente bien ante expresiones honestas de tu personalidad, mentalidad, sentimentalidad, sensualidad y sexualidad. Por lo cual, en vez de tratar de aparentar que «yo soy un premio», que «los demás son los que intentan llegar a mí en vez de yo a ellos»; y toda clase de banalidades y absurdos…

Me limito a estar presente y, a través de esa presencia, conocer y darme a conocer.

Tocar y dejarme tocar.

Hacer cosquillas en el alma.

Ser, y dejar ser.

Y yo me digo, porque soy de esos que gustan de hablar consigo mismos…

«Joder chico, si haciendo lo que hago y dejando de hacer lo que no hago me he rodeado de personas así y encima consigo que DUREN en mi vida… ¿Qué no podré hacer si soy todavía más como ahora soy: más profundo, más intenso…? ¿Qué puede pasar entonces?»

poco das virgens
poco das virgens (Photo credit: Renato Borin)

Entonces me pasa que recuerdo todas las cosas que la gente a mi alrededor me ha contado sobre sus experiencias conmigo. Sobre mi influencia en sus vidas.

Y me doy cuenta de que es una influencia otorgada (en tanto que es algo que yo no buscaba pero es algo que ha ocurrido, como es natural en toda relación con conexión). Me doy cuenta de que son esas otras personas las que juntan sus pasos con los míos y las que me abren la puerta de sus adentros en tanto que cruzan la mía si lo desean.

¿Y qué he tenido yo que hacer?

¡Nada, joder! Eso es… Nada.

Poco más o menos que mantenerme en mi línea, estar abierto a la vida y presente en la misma…

Casi más bien, ser honesto y curioso hacia lo que me brinda. Vivir observando. Empatizar y simpatizar; en vez de inventarme la realidad que enfrento.

~~õ~~

Si queréis, otro día trato de reescribir este mismo mensaje en un tono moralizador, teorizante y académico. Incluso puedo tratar de buscar estudios científicos que lo apoyen.

Me parece que aunque así lo haga, las conclusiones van a ser las mismas.

Así que perdonadme si me ahorro tanta parafernalia y tanto adorno.

Es momento de callarse y escuchar al interior.

Luego, si quieres, me cuentas lo que escuches.

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Por Sergio Melich

Pedagogo por la Universidad Complutense de Madrid. Comunicador y mentor por vocación. Experto en Comunidades Virtuales. Autor de las webs La Vida es Fluir (mi blog) y Comunidad Fluyendo.

Aventurero y Heartist (una persona comprometida a vivir, crear y obrar con cabeza, corazón y conciencia). Escribo sobre el Buen Vivir: autoaprendizaje, estilo de vida, habilidades sociales, relaciones y más. Puedes contactarme por redes sociales y contarme tu caso. =)

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