Una felación es algo más que comerse una polla.

Asumo que, si lees esto, es porque te gusta hacerlo, te produce alguna clase de placer y tienes tu cierta habilidad con ello. Sabes usar tus armas, pero quieres perfeccionarte. Y con este supuesto en mente, escribo esto.

En el mismo momento en el que propones esta práctica o accedes a ella tienes en tus manos una gran responsabilidad… Que, curiosamente, no tiene nada que ver con lo típico.

No se trata de no morderla. Tampoco de no marcarle los anillos. Ni de no arrancarle la piel al implicado cuando maniobras. La responsabilidad es otra.

Tienes que conseguir que se lo pase bien sin perder ese punto de nervios que acompaña a este acto. Sacar su faceta de dirty fucker… Y el relax necesario para dejarse llevar.

Y me explico. ¿No estamos todos deseando que nos lo hagan?

Es posible…

Pero ello no significa que lo vayamos a disfrutar si ocurre. Ni que nos guste el papel pasivo. Hay mamadas tan frías e impersonales que parecen puro trámite para que eso crezca lo bastante y meterla un rato, que hay más que hacer y poco tiempo para todo.

Y dirás, ¿cómo me aseguro de hacerlo bien?

Tampoco es necesario un manual de instrucciones

No tienes que aprender cuándo y cómo lamer, morder, besar, succionar, atragantarte, babear, masajear… Ni buscar cómo colar por ahí un par de latigazos en la cara, comerte también los huevos, acariciar el perineo sin irritarlo y alguna otra cosa de esas sin que quede raro hacerlo.

Ni siquiera necesitas aprender a deslizar jadeos y gemidos entre los ruidos del momento… Ni tampoco exagerar las arcadas, los chupetones o los ruiditos que suenan a “me gusta”. Y si te planteas aprender a decir guarradas para subir el tono, te recomiendo precaución.

La verdad es que no es asunto de ingeniería, pero también hay que tener en cuenta lo que vamos a llamar mi decálogo de nociones, casi más bien reglas, sobre el orgasmo masculino (y en general, según casos):

  1. La meta no es correrse, sino ser capaz de implicarse y entregarse al acto.
  2. La cosa va de sentir el momento y disfrutar lo que se haga.
  3. No hay que tratar de mantener el tipo de ninguna manera. Biológicamente deberíamos terminar en dos minutos, pero el placer y la cultura nos hacen alargarlo.
  4. Si algo no gusta, se nota. Es mejor proponer otra cosa que parecer idiota.
  5. Pedir lo que sabes que te gusta está permitido, pero no garantiza que te lo den.
  6. Hacer lo que te gusta es menos forzado y desagradable para ambos. Si no puedes encontrar ninguna forma de que algo te guste, haz otra cosa.
  7. Si algo gusta, se nota. Haz exactamente eso. Haz caso de las indicaciones.
  8. Intensificar es un arte. Y como en todos los artes, menos es más. Simplifica todo lo que puedas.
  9. Ya tenemos demasiadas presiones como para no permitirnos el ridículo y la libertad en la cama. Los pedos y otros ruidos extraños están permitidos. Y como decían en la serie Broad City; “es 2014, el anal entra en el menú”. Bueno, técnicamente es 2015 ya… Y sí, todo lo que te guste debería entrar en el menú, sin importar clichés.
  10. Que se haya corrido no significa que tú hayas hecho que se corra.

¿Qué significa todo esto?

Pues que, en suma, hemos creado una cultura del sexo ligada al espectáculo, a demostrar que somos la caña, que somos auténticas máquinas del placer que pueden funcionar durante horas y correrse cada vez que nos enredemos. Incluso más de una vez en el transcurso de varias horas.

Pero, como con muchas cosas, que se pueda no significa que se deba.

Si tus ideales y modelos a seguir son, por ejemplo, los de la industria del porno; estarás pensando en posturas bastante complicadas aguantando hasta lo indecible, en cuerpos poco realistas y en hazañas extremas. Y lo que consigues así, es matar tu estímulo.

Para que nos entendamos… ¿Cuándo fue la última vez que pudiste meter siquiera un dedo en el culo a tu pareja sin avisos ni estimulación previa y no estuvo a punto de matarte? ¿De verdad crees que el “capullo de rosa” tan de moda, eso de terminar con el recto descolgado por tener el ano dilatado a lo bestia, es algo saludable? ¿Y que todos podemos corrernos a chorro un montón de veces seguidas sin consecuencias?

No es el caso.

Eyacular pone al cuerpo bajo estrés. No es fácil para un hombre soportar la eyaculación, y para una mujer tampoco. El cuerpo se sensibiliza a lo bestia, y puedes llegar a quedarte sin aliento y empezar a hiperventilar. Y el hecho de ligar casi todas las prácticas sexuales al acto de eyacular es terrible.

No hace mucho mencioné que una de mis actuales parejas no quiere que yo me corra, sino que lo sienta. Que disfrute de cualquier cosa que ella esté dispuesta a hacerme. Se da la casualidad de que disfruta con el hecho de notar que yo disfruto, y me contagia esa actitud.

Y esa es la diferencia: no ligamos el concepto “disfrute” al acto de eyacular. Eso termina por darse, y con curiosos resultados, a medida que nos inundan las sensaciones.

La idea es permitirse jugar y explorar, y disfrutar sin dar cabida a la vergüenza.

Después de este inciso, vuelvo al tema de las felaciones.

Con todo lo anterior, esperaba que te alejes de los típicos escritos manual de instrucciones y puedas tener en cuenta las experiencias de un chico que ha tenido una vida sexual lo bastante activa y variada como para saber un par de cosas. En la segunda parte, invitaré a alguien a contarte la perspectiva del que hace la felación (y te adelanto que será muy sensual).

Si me admites varios consejos mientras, te diría que…

  • No te lo tomes como algo personal. Los retos están bien, pero presionar al chico matará el placer y conseguirá que tampoco se corra. Y tú te frustrarás. Basta con recordar mi regla nº 10 en el decálogo, y entonces los humos se bajan corriendo. Lo que debería preocuparte es que mientras esté contigo, lo pase bien. Que se sienta cómodo, aceptado y deseado.
  • No temas explorar y usar todos tus recursos, incluso los extravagantes. No es por el dicho ese de “si no hay arcada no es buena la mamada”, sino porque probando cosas te darás cuenta de lo que mejor sienta al chico en cuestión. Algunos no sentimos nada porque recorras el tronco o te la metas entera en la boca, pero sí sentimos otras cosas tan intensamente que igual te obligamos a parar. Hay de todo… Casi literalmente.
  • No te preocupes si tienes que dejarlo “a medias”. Eyacular no significa que se haya corrido. Es un acto fisiológico, muy cercano al orgasmo y a menudo confundido con el mismo. Algunos autores hablan de orgasmos secos, para que te hagas idea del concepto que en ciertos ambientes tienen de ello. Créeme: no tiene por qué salpicar para disfrutarlo, pero también es verdad que al eyacular se amplifica en cierta forma.
  • No trates de asegurarte de ser tú quien hace que se corra. Llegará por su cuenta en el mismo momento en que logre equilibrar el placer, la tensión del momento y la relajación del dejarse llevar contigo. Si estás constantemente haciendo cosas para intentar que acabe, lo que haces es interrumpir el flujo… Y que tenga que volver a alcanzar el mismo grado de inmersión. Le impides dejarse llevar.
  • Clávale la mirada. Oblígale a que te mire. Hay algo de intenso y animal en ello. De alguna manera se nota muchísimo más todo lo que estáis sintiendo ambos. La conexión entre vosotros casi podría verse.
  • No te asustes si te agarra fuerte o empieza a moverse. Se está dejando llevar. Si se te hace incómodo y no eres capaz de adaptarte, pide que pare y haz un alto tú. Ayúdale a encontrar el equilibrio entre lo que tú hagas y sus reacciones.

Bueno, creo que esto prácticamente lo aborda todo desde el lugar del receptor.

Como ya he dicho, no hay que ser ingenieros para saber hacer esto. Ni ángulo, ni momento, ni vector, ni nada… No hace falta tratar de calcular y tener todo bajo control.

Se trata de que lo vivas y de que se note que te gusta.

Si no es así, deberías estar haciendo otra cosa.

Por tanto… Permíteme una pregunta:

¿Dejarías que tu vida sea una expresión de tu sexualidad…

…o preferirías que tu sexualidad sea una expresión de tu vida?

Cuando des con la respuesta, te habrás graduado en este curso.

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Si quieres, deja tus experiencias e impresiones en los comentarios. Mantén el buen gusto y trata de hacerlo elegante…

Y no te olvides de hacer que se corra la voz… 😛

Un comentario en “Masterclass de felaciones, parte 1

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